Menos PASO, menos ciudadanía

La reforma política que se discute en Argentina no es un simple recorte del calendario
electoral: es una disputa por quién decide, cómo se decide y cuánta participación real
conserva la sociedad en la selección de sus candidaturas

Eliminar las PASO puede presentarse como eficiencia administrativa. Pero, sin un
reemplazo institucional serio, el efecto real puede ser otro: menos ciudadanía en la
selección de candidaturas y más poder concentrado en la lapicera partidaria


No es un simple recorte del calendario

La discusión sobre la eliminación de las PASO volvió al centro de la agenda con un dato que conviene subrayar desde el inicio: hoy no existe una ley sancionada que las haya borrado del sistema argentino de manera permanente.

Lo vigente es otra cosa. La Ley 26.571 creó en 2009 el régimen de primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, y la Ley 27.783 solamente las suspendió para el proceso electoral nacional de 2025. Ahora el oficialismo anuncia una nueva reforma política que incluiría su eliminación formal, cambios en la financiación de los partidos y nuevas reglas para su funcionamiento.

Es decir: no estamos ante una corrección técnica sino ante un rediseño del sistema de representación.

La primera tentación del poder es vender este debate como una cuestión de ahorro, simplificación o cansancio social. Es una explicación cómoda, casi publicitaria. Pero la pregunta de fondo es otra: ¿qué pasa con la democracia interna de los partidos cuando se retira un mecanismo estatal, universal y obligatorio que obligaba a ordenar la competencia y a exhibir candidaturas ante toda la ciudadanía?

Cuando el Estado se corre, alguien ocupa ese espacio. Y en política, casi nunca lo ocupa el vecino común; lo ocupan las cúpulas, las mesas chicas, los armados de ocasión y la lapicera de turno.

Las PASO argentinas nacieron con una promesa ambiciosa: fortalecer a los partidos, transparentar el acceso a las candidaturas y reducir la fragmentación. La propia literatura especializada ya marcó que, a diez años de su debut, los resultados no fueron plenamente acordes con esos objetivos. Eso no obliga a idealizarlas. Sí obliga a ser intelectualmente honestos: que hayan funcionado de modo imperfecto no significa que suprimirlas sin un reemplazo robusto vaya a mejorar la calidad institucional.

Cómo se aplicaría en la práctica

Si la eliminación avanzara, su aplicación práctica sería más profunda de lo que parece. En los hechos, la selección de candidaturas nacionales volvería a depender mucho más de las cartas orgánicas partidarias, de sus reglamentos internos y de la capacidad de los organismos electorales y judiciales para controlar procesos que pasarían a ser menos visibles para el electorado general.

Y como la Boleta Única de Papel ya fue incorporada al régimen nacional en 2024, la reforma no operaría en un vacío: se montaría sobre un sistema que ya cambió la forma de votar en la elección general. Con una herramienta de votación nueva y sin PASO, el Estado reduciría su intervención previa en la definición de la oferta electoral y concentraría el debate en la elección general.

El argumento oficial apunta a bajar costos, reducir la «campaña permanente» y evitar primarias con poca competencia real. Es un punto que merece ser escuchado, pero no sobreactuado. La democracia tiene costos, sí, pero también tiene costos su degradación. Seleccionar candidaturas entre pocos, con reglas opacas y con recursos cada vez más privados puede salir mucho más caro que organizar una primaria. Sale caro en legitimidad, en calidad de representación y, sobre todo, en control ciudadano. Una primaria mala puede corregirse; una democracia cerrada se enquista.

Por eso el verdadero examen no es solo si desaparecen o no las PASO. El examen es con qué se las reemplaza. Si la respuesta es simplemente «con internas partidarias», entonces hay que preguntar de inmediato cuáles serán los padrones, quién fiscalizará, qué publicidad tendrán las reglas, cómo se resolverán las impugnaciones, qué lugar tendrán las minorías internas y qué barreras se levantarán para los outsiders reales frente a los dirigentes con aparato. Sin ese detalle, la palabra modernización suena apenas a maquillaje institucional.

Lo que muestran otros países

La experiencia comparada ayuda a bajar la espuma y mirar el problema sin slogans. No existe un único modelo democrático de selección de candidaturas. Lo que sí existe es una constante: cuando se reduce la intervención abierta de la ciudadanía en esa etapa, el equilibrio de poder se desplaza hacia las estructuras partidarias.

PaísSistemaLección / Resultado
UruguayLa reforma de 1996 incorporó elecciones internas organizadas por la Corte Electoral en fecha común.No se puede fingir que la nominación de candidatos sea un asunto doméstico sin interés público.
ChileEsquema flexible. Primarias vinculantes para quienes deciden usarlas. Voto voluntario y padrones variables.No es «menos Estado» sino regulación diferenciada con reglas públicas y previsibles.
PerúReforma de 2024 estableció tres modalidades (afiliados/ciudadanos, solo afiliados o delegados).El sistema pasó de una lógica abierta a otra más controlada. Más margen para las estructuras partidarias y menor incidencia directa del electorado.

Hacia dónde va la discusión

Visto desde Argentina, el punto más delicado no es la comparación abstracta sino el contexto concreto. Aquí la eventual eliminación de las PASO no aparece sola: viene acompañada de una discusión sobre el financiamiento partidario, sobre mayores exigencias para la vida legal de los partidos y sobre nuevas formas de ordenar la competencia.

Cuando una reforma concentra la selección de candidatos, endurece la supervivencia institucional de los partidos y reabre la puerta a un peso mayor del financiamiento privado, el riesgo es la concentración del sistema.

Una democracia madura puede reformar sus reglas. Lo que no debería hacer es achicarlas en nombre de la eficiencia sin blindar antes los mecanismos de control. Si las PASO van a salir, deben entrar con fuerza otras garantías: calendarios internos públicos, padrones auditables, autoridades electorales con poder real de fiscalización, publicidad de aportes y gastos, reglas de minorías claras y procedimientos transparentes para resolver conflictos.

Sin eso, no habrá reforma política. Habrá apenas una reasignación de poder a favor de quienes ya lo tienen. La pregunta, entonces, no es si las PASO son perfectas. No lo son. La pregunta es si la Argentina quiere corregir sus defectos o aprovecharlos como excusa para volver a una política más cerrada, más vertical y menos permeable a la ciudadanía. En tiempos de descreimiento democrático, quitar participación sin construir controles mejores no es una audacia modernizadora. Es una mala señal institucional.


Qué conviene mirar en el Congreso y en la letra chica

  1. Qué proyecto entra al Congreso: Si propone eliminación permanente o una nueva suspensión transitoria.
  2. Cómo se eligen candidatos: Si la decisión queda en afiliados, en delegados o directamente en las conducciones.
  3. Quién controla las internas: Si habrá fiscalización electoral externa, padrones públicos y auditoria real.
  4. Cómo cambia el financiamiento: Si cae el aporte público y crece el peso del dinero privado sin controles suficientes.
  5. Qué pasa con los partidos chicos: Si la reforma corrige fragmentación o directamente estrecha la competencia.

Fuentes de referencia:

  • [1] Ley 26.571, InfoLEG. Creación del régimen de PASO.
  • [2] Ley 27.783, Boletín Oficial, 7 de marzo de 2025. Suspensión de las PASO durante el año 2025.
  • [3] Nota oficial Argentina.gob.ar, 15 de noviembre de 2024. Anuncio de reforma para eliminar PASO.
  • [4] Infobae, 10 de abril de 2026. La Casa Rosada enviará la reforma electoral.
  • [5] Ariadna Gallo, Revista Elecciones (ONPE), 2021. Balance crítico a diez años de las PASO.
  • [6] Ley 27.781, InfoLEG, octubre de 2024. Incorporación de la Boleta Única de Papel.
  • [7] Corte Electoral de Uruguay. Elecciones internas 2024.
  • [8] Parlamento de Uruguay. Reforma constitucional de 1996.
  • [9] Servicio Electoral de Chile (Servel), marzo de 2025. Primarias y modalidades de padrón.
  • [11] Diario Oficial El Peruano, 18 de enero de 2024. Ley 31981 y nuevas modalidades de primarias.
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Facundo Ezequiel Calderone Contrera

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