50 años del 24 de marzo: Memoria y autocracia digital

Hoy vivimos una violencia política que empieza en un posteo y termina en el linchamiento coordinado de cualquiera que ose cuestionar el dogma del mercado. Es un tratamiento violento para quien piensa diferente o está por fuera del «consenso de la página en blanco» que intenta imponer el poder. Este gobierno se encubre tras una supuesta «modernidad» para aplicar un fascismo de plataforma. Usan el aparato del Estado para difundir piezas de propaganda que pretenden equiparar el terrorismo de Estado con la violencia política de los 70; una falacia que la justicia argentina ya saldó hace décadas. El objetivo es claro: si logran confundir el pasado, pueden destruir el presente sin resistencia.
La Universidad como campo de batalla
Lo que sucede hoy con las universidades no es casualidad. En 1976, la dictadura montó una máquina de represión para «limpiar» las aulas de lo que llamaban subversión. Cerraron carreras, quemaron libros y persiguieron, torturaron y mataron a docentes y estudiantes de manera sistémica.
Hoy, la autocracia digital utiliza herramientas distintas para el mismo objetivo: el disciplinamiento social. Ya no necesitan la intervención física de los gobiernos universitarios por militares; les alcanza con el ahogo financiero. El incumplimiento sistemático de la Ley 27.795 de Financiamiento Universitario —esa norma que tanto costó parir en el Congreso a finales de 2025 para garantizar la recomposición salarial y operativa— es la versión moderna de la intervención.
No es un error de cálculo ni una consecuencia inevitable del «déficit cero». Es un ataque ideológico al corazón de la movilidad social argentina. En los 70 buscaban aniquilar el pensamiento crítico con el terror; hoy buscan proscribir el futuro mediante la asfixia. Si un pibe del conurbano no puede proyectar su carrera porque no hay presupuesto para salarios, investigación o gestión básica, lo que están haciendo es borrarle el derecho a la identidad y al progreso.
La performatividad del León
El modelo actual es profundamente patriarcal: estamos ante la «performatividad del león», una puesta en escena de una masculinidad violenta y mesiánica que no rinde cuentas. Este líder, que desprecia las políticas de cuidado y ve en las diversidades, las minorías, los jubilados, los universitarios y los trabajadores a un enemigo a aniquilar, intenta reinstalar una Argentina jerárquica y excluyente.
Este 24 de marzo nos encuentra ante la validación del más fuerte sobre el más débil; una pedagogía de la crueldad que busca anular los derechos obtenidos en décadas de lucha. El retroceso discursivo es total porque apunta a romper los lazos de solidaridad que nos sostienen como comunidad. Frente a esta dicotomía histórica, la respuesta es clara: se pelea con más instituciones, con más democracia y con control social.
El legado de NCN y el desafío frente a las nuevas generaciones
Este diario, NCN, es mucho más que un proyecto profesional; es el legado de mi viejo que hoy cuidamos junto a mi hermano. En esta redacción aprendimos que el periodismo parlamentario es la primera línea de defensa de la democracia. El Congreso no puede ser un decorado para los caprichos de un algoritmo o una oficina de trámites para el Ejecutivo. Debe ser el lugar donde se le ponga freno a esta deriva autoritaria, donde prime el respeto, el consenso y, fundamentalmente, la POLÍTICA.
La pregunta que me desvela hoy es simple: ¿cómo transmitirle esto a mi hija? ¿Cómo le explico qué fue y qué pasó el 24 de marzo? Maca tiene hoy 9 años y crece en un país donde la mentira oficial se grita por televisión y redes sociales. Un país donde el presidente insulta y prepotea, donde ve que la universidad se empieza a caer a pedazos y donde no se puede salir a la calle sin ver la cara más cruda de la crisis.
Empecemos por lo más simple: explicarle a las infancias que la libertad no es el derecho a pisar al otro, sino la capacidad de vivir sin miedo. Ese es mi mayor desafío ético. A 50 años del horror, el «Nunca Más» hoy significa no dejar que la pantalla nos ciegue ni que la violencia nos gane. Significa defender la universidad pública, actuar con compromiso y escribir con la verdad en la mano. La memoria no es una pieza de museo; es el escudo que tenemos para que el futuro de nuestros hijos no sea un desierto de crueldad.